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Historias

De los "No puedes" a los "Sí, me atrevo" – El viaje que necesitaba

De los "No puedes" a los "Sí, me atrevo" – El viaje que necesitaba

Cuando tenía 18 años, empecé a viajar sola. Y si te contara la cantidad de veces que escuché “no te vayas sola” o “es peligroso,” podríamos estar aquí días. Incluso ahora, al compartir mis planes, los “no puedes” siguen llegando: “¿Y si te pasa algo?”, “No confíes en extraños,” y otros comentarios ya integrados en nuestro entorno.

Es inevitable; estos “no” siembran miedos, dudas, y la sensación de que podría salir mal. Lo sentí la primera vez que conté a mis amigas que iría sola a Argentina y… a la Patagonia. Al ser de República Dominicana, hablar de explorar un lugar tan lejano y, en especial, de recorrer una región como la Patagonia en temporada baja, era casi un reto al sentido común.

Desde el principio me dijeron que no iba a poder: la Patagonia es hostil y solitaria, ir sola es peligroso, y además está llena de subidas imposibles. Claro que tuve dudas, como cualquiera, y no encontrar un grupo con el que viajar o alguien con quien compartir mi misma visión aumentó la incertidumbre… pero no lo suficiente para detenerme. Así que me atreví.

El gran salto: una aventura sin plan

El viaje a Argentina fue, curiosamente, el que menos planeé. Desde niña soñaba con conocer la Patagonia. Ese rincón tan lejano de la tierra parecía un mundo aparte, un lugar que solo podía conocer a través de las imágenes del National Geographic. Pero había algo en mí que sentía la necesidad de vivir esa experiencia, así que me lancé a la aventura, aunque fuese sola.

Llegué a la Patagonia en temporada baja, cuando el turismo apenas arrancaba después del invierno. No llevaba un vehículo propio, no conocía a nadie, y mi única certeza era la voluntad de llegar a la cima del Chaltén. Subir esa montaña no era solo un desafío físico; sentía que era también una prueba para liberar todos esos “no puedes” y demostrarme que sí, sí podía.

Paso a paso hacia la cumbre

En esa subida aprendí mucho sobre mí misma. Empecé el sendero a las 9 de la mañana y, cinco horas después, llegué a la cima. Fue duro; el sol abrazador, la falta de aire y la soledad me hacían dudar en cada paso. Durante la subida, me pasaron muchas cosas por la mente. Hubo fases en las que me sentí sola, en las que pensé cuánto hubiese deseado contar con alguien afín, con quien compartir esa emoción y esos miedos.

Al alcanzar la cima, no pude evitar llorar. Fue una mezcla de emoción y alivio: de saber que lo había logrado, a pesar de todo. Pero también fue el momento en el que me di cuenta de la importancia de tener una comunidad y de cuánto eché en falta estar rodeada de otras viajeras con las que compartir el viaje. En ese instante, en la cumbre del Chaltén, entre lágrimas y risas, supe con nombre y apellido lo que quería crear: un espacio para vivir y compartir aventuras entre mujeres, un lugar para ayudarnos a dejar el miedo y decir “sí, me atrevo.”

Así nació Diáspora Traveler

Desde ese momento en la cumbre, comencé a soñar con un proyecto, una forma de conectar mujeres afines para viajar juntas, para vivir juntas la intensidad de la aventura, el reto y el descubrimiento. Así nació Diáspora Traveler, un espacio de viajes en grupo, dedicado a mujeres que, como yo, desean compartir experiencias auténticas y transformadoras. Diáspora es esa red de apoyo y conexión que sentí falta durante ese viaje y muchos otros, una comunidad con la que enfrentar las barreras de miedo y las dudas, y que existe para acompañarse, inspirarse y descubrir el mundo.

De los miedos al mundo: el poder de atreverme

Vivir esa experiencia en la Patagonia, lejos de todos esos “no puedes,” fue más que un viaje: fue un salto hacia mis propios sueños. Allí, en medio de esas montañas, me di cuenta de que cuando dejamos el miedo atrás, el mundo se abre y nos revela sus maravillas. Cada barrera, cada límite, tanto los que nos impone la sociedad como los que nos ponemos a nosotras mismas, son desafíos internos que vale la pena superar.

Atreverse a vivir esa aventura me cambió para siempre. Volví con una convicción clara: decir “sí, me atrevo” nos permite ver el mundo desde otra altura y, a veces, alcanzar cumbres que nunca habríamos imaginado. Porque al final, viajar no es solo ver nuevos lugares; es descubrir la versión más valiente de nosotras mismas.

Viajar con intención y comunidad

La experiencia en la Patagonia me hizo darme cuenta de la importancia de conectar con otras personas en el camino. Diáspora Traveler no es solo una agencia de viajes; es un proyecto para crear una comunidad de mujeres que no solo quieran conocer el mundo, sino también conocerse entre sí, que busquen el apoyo y la seguridad de viajar juntas, explorar nuevas rutas y compartir tanto los momentos de risa como los de desafío.

Este viaje que empezó como algo propio y, en cierto sentido, solitario, me enseñó la importancia de compartir experiencias con quienes te entienden y te acompañan en cada paso. En Diáspora Traveler, queremos hacer que cada destino se sienta más accesible, menos solitario y más compartido. Para que cuando llegues a la cima, tengas a alguien que entienda el valor de ese logro, y con quien puedas mirar la vista y saber que el viaje no fue solo el destino, sino la experiencia en compañía.

Escrito por Melany Bascome, Co-founder.

Mel y Mayelin

¡Hola, Travelers! 🌺 Somos Mel y Mayelin, de República Dominicana.

Hermanas de la vida y compañeras de aventuras, siempre en busca de nuevas experiencias. Viajeras incansables, con un espíritu libre que vibra con la música, la fotografía y la gastronomía local. Nos encanta conectar con la gente y crear esos espacios donde surge la magia: charlas bajo las estrellas, risas espontáneas y brindis que celebran la vida. Creemos en los viajes que transforman, que te sacan de la rutina y te hacen sentir más viva que nunca.